09 septiembre 2004

Vengadores desbandados

Después de un larguísimo día de trabajo, no podía irme a la cama sin leer, al menos, un tebeo. El elegido ha sido el Avengers 501 o, lo que es lo mismo, la segunda parte de Avengers Dissasemble, la saga con la que, como diría la publicidad, Brian Michael Bendis pretende remover los cimientos de los Héroes Más Poderosos de la Tierra, y tralarí, tralará. Podría poner un gran ATENCIÓN SPOILERS a continuación, y ahí queda puesto, pero a estas alturas queda poco por destripar que no haya destripado ya la misma Marvel, ¿verdad? Desintegrar a los Vengadores es un gran golpe de efecto que, no por utilizado en anteriores ocasiones (aquel sosísimo Avengers 300, por ejemplo) deja de tener su morbo pero, ¿es necesario anunciarlo a bombo y platillo? Creo que hubiera leído esta aventura con mayor interés de no ser porque... ¡Desde el principio sé cómo va a acabar! Y no lo entiendo, la verdad, porque hasta ahora el truco de reservarse las sorpresas le había servido de maravillas a Joe Quesada para recuperar el interés por lo que ocurrirá a continuación. Aquí ya está claro que van a morir muchos, que el grupo se desbandará y que luego renacerá de sus cenizas. El morbo consiste en saber cómo. bueno, pues la primera parte del cómo, el #500, no me emocionó demasiado. Bendis jugaba a Millar, con unas escenas muy espectaculares, a lo El día del mañana, es decir, a lo blockbuster veraniego, pero digamos que la magia se rompía, al menos se rompía para mí, cuando los Vengadores se cagaban los pantalones cuando les colocaban delante cinco ultrones... total, antes sólo se habían enfrentado a unos cuantos cientos a la vez. Esa ignorancia absoluta por parte de Bendis no de lo que ocurrió en algún oscuro episodio de la etapa de Larry Hama, sino de lo que sucedió apenas cinco años atrás en unos tebeos excelentes y que además supusieron la penúltima aparición de Ultrón supone un desprecio peligroso. El tomar por irrelevante la etapa de Busiek hace que yo me tome ésta que ahora se abre como tal. Qué le vamos a hacer. El #501 me ha gustado más. Reina la bronca en el grupo y eso es siempre divertido y recuerda a los tiempos en los que me enganché, los de Shooter, Byrne y Pérez (los primeros de Forum, vaya. ¡¿De verdad que han pasado veinte años?!!!), y se acrecienta el interés por cómo ocurriran las cosas y quién va a morir... bueno, quién más. ¿Se atreverán con la Avispa? Mi buen amigo Miguel Bravo, que ama a los Vengadores como si fuera miembro honorífico, dice que no se atreverán. Yo creo que son capaces. Al fin y al cabo, siempre pueden resucitarla. Aquí está el problema. ¿Por qué, estando correctamente escritos estos tebeos, aunque mediocremente dibujados, falta la emoción en su lectura? Pues porque ya hemos leído esto antes. Ya nos han dibujado situaciones terribles nunca antes vistas rodeadas de sucesos cataclísmicos. ¿Para qué? Para volver al tradicional status quo al poco tiempo. Ya pueden destruir la mansión, que la reconstruirán. Ya puede separarse el grupo, que se reagrupará. Ya puede morir la Avispa o su señora madre, que resucitará. Ya pueden venir Spider-Man y Lobezno, que se irán. Hemos visto tantas veces a los de Marvel (y a los de DC, ya puestos) romper los juguetes para a continuación reconstruirlos que ya no nos creemos nada. Somos como los lugareños, que escuchamos al pastorcillo mentiroso clamar que viene el lobo, que viene el lobo. Pero ya no nos engañan más. A no ser que.. ¿Y si esta vez viniera de verdad el lobo? ¡Nah! Pero la saga empieza a coger forma y a divertir. Parece que por lo menos lo pasaremos bien, y no dejo de pensar que unos Vengadores con Spidey y Lobezno pueden tener su coña, aunque sea por ver a Bendis mezclando personajes tan diferentes. Va a molar cuando el Capi les ordene tal cosa y Lobezno le diga que no, y Spidey se cachondee. Luego las aguas volverán a su cauce. Y en ocho años, volverán a renumerar con la vieja contabilidad para celebrar el #600. Y creo que allí seguiremos estando para que nos cuenten otra vez la misma historia. Si lo hacen con gracia ya tendremos un motivo para echarle un vistazo, y dudo que pidamos mucho más.