11 octubre 2004

El último vuelo de Christopher Reeve

Viendo ayer Mar adentro, no pude dejar de pensar en Christopher Reeve. Por que él, más que nadie, habrá levantado el vuelo mil veces desde su silla de ruedas. Por que él no se rindió nunca y dio un ejemplo a todos de lo que representa de verdad ser un superhéroe. No se dejó de mover Christopher Reeve un minuto, después del accidente que le dejó tetrapléjico hace casi diez años. No se dejó de mover por los derechos de quienes estaban, como él, atados a una silla de ruedas, y fue su organización la que impulsó la investigación con células madre que podría dar tantos avances en ese sentido, avances de los que él no se beneficiará. No se dejó de mover, e incluso consiguió respirar sin ninguna clase de aparato, y recuperó la movilidad en uno de sus dedos. Resultó mal actor Christopher Reeve, porque no interpretaba ningún papel cuando ponía rostro a Superman. Resultó ser un superhombre, a fin de cuentas. E incluso desde la silla de ruedas bastaba con hacer sonar, como en aquel episodio de Smallville, la fanfarria de John Williams para recordarnos al hombre que nos hizo creer que podía volar. Gracias, señor Reeve, por introducir ilusión en mi infancia, por enseñarme la manera de rescatar a las damas de un helicóptero accidentado. Gracias por enseñarme a vivir. Gracias por enseñarme a volar.