04 octubre 2004

Gwen Stacy revisitada

Leído, en un ratín libre que tuve ayer, el cuarto capítulo de Sins Past, el Amazing 512. En los foros americanos siguen escandalizados, y no entiendo el motivo del escándalo. Para muchos, lo imposible es que Gwen Stacy no fuera tan santa y pura como siempre nos la presentaron. Como bien me recordaba Francesc hace unos días, Gwen empezó como pendón desorejado con Ditko, y sólo cambiaría y se suavizaría tras la llegada de Romita, quien la establecería como la rubia divinizada de nuestros sueños. Luego resulta que las rubias de nuestros sueños no son tan santas como parecía (vivido en carne propia, puedo firmarlo) y nos sorprenden con sorpresas como ésta. Insisto en que la saga me está entreteniendo y quiero saber qué pasa a continuación, y que también espero que por fin cambie el status quo entre Peter y Norman, porque si en los sesenta cansaba la situación, en estos últimos años, del 75 de Peter Parker: Spider-Man a esta parte, simplemente extenúa. Hasta el gorro estoy de este Norman manipulador y maquiavélico que nunca manipula gran cosa. Reconozcámoslo: todas las apariciones que ha hecho el Duende en los últimos tiempos han sido un quiero y no puedo, un no saber qué hacer con él. Cuando la respuesta está ahí desde hace tiempo. Lo que hay que hacer con Norman Osborn es quitárselo de encima. Espero que ahora, por fin, Straczynski sea quien se lo lleve por delante. Lo que también tengo claro es que puede que no sea en esta saga. En teoría, Marvel Knights trascurre cronológicamente después. Es decir, que al final Norman seguirá vivito y coleando. Y ésa si es la gran ofensa que tenemos sobre la mesa acerca de los Amazing 121 y 122, no el hecho de que Gwen hubiera echado un polvo a deshora. No obstante, creo que que a la mayoría se le está escapando la verdadera envergadura de lo que propone JMS. Lo importante no es Gwen, por supuesto que no. Lo importante es cambiar de arriba abajo la motivación de su muerte. Porque hasta ahora el motivo era... ¡que no había motivo! Parece que eso debía de molestar sobremanera a Straczynski, acostumbrado a ofrecernos grandes revelaciones a tramas planificadas durante años (recordemos que este señor es el guionista y creador de Babylon 5), y que, como Byrne, ha jugado a ofrecernos una explicación racional a esas cosas que pasan en la vida. En el caso de Byrne, recuerdo, fue una torpe e innecesaria explicación a los motivos por los que el ladrón mató a tío Ben. En el caso de JMS, nos intenta justificar la muerte de Gwen, con mucha más inteligencia, por suerte. Ambos, en todo caso, creo que olvidan lo fundamental. Que la grandiosidad de ambas muertes, la del tío Ben y la de Gwen, radican en su sinsentido. El tío Ben muere a manos del ladrón que dejó escapar Peter, en una broma macabra del destino, en una inmensa casualidad fatalista que aumenta si cabe la tragedia. Añadir explicaciones racionalistas se antoja desmitificador, pero también innecesario. Las cosas pasan porque pasan. La muerte es absurda en sí misma, ¿para qué buscarle sentido? La muerte del tío Ben es tan importante por lo que tiene de arbitraria. Punto. Otro tanto ocurre con la muerte de Gwen. Creo que Norman nunca la eligió por ningún motivo en particular. La eligió porque haría daño a Peter. La eligió porque podía matarla y lo haría. La eligió porque sí. Porque bastaba con coger a la novia del héroe y lanzarla desde un puente para cambiar la historia del cómic. La eligió porque Norman está loco y es un psicópata, y los locos y los psicópatas no necesitan motivos. Sólo necesitan hacer daño, convertirse en la mano izquierda de dios y en sus renglones torcidos. No hay nada más. El Duende Verde golpea como lo hace el terrorismo: indiscriminadamente y sin pararse a buscar razonamientos. Es ese por qué sin respuesta de los supervivientes, de las víctimas absolutas que tienen que vivir con el recuerdo lo que les perseguirá toda la vida. Y fijaros que, a dos capítulos para que termine la saga, no descarto un giro maestro, una última revelación que le dé la vuelta a las sabidas hasta ahora. Eso es lo que hace grandes estos tebeos, la manera en la que nos tienen enganchados a algunos.