06 octubre 2004

Misterios sin resolver

No sé si será casualidad, pero echando un vistazo a los tebeos con los que mejor me lo estoy pasando en la actualidad, me encuentro con que todos ellos plantean historias de misterios, grandes continuarás que te dejan deseando leer el siguiente número. De Sins Past ya hemos hablado estos días, y más que hablaremos. Aquí estamos, aficionados curtidos en mil batallas, debatiendo quién se la tiró y por qué, y de quién son los hijos y, sobre todo, qué pasará a continuación. Otro tanto ocurre con Astonishing X-Men, donde Joss Whedon va plantando una sorpresa en cada número, e incluso se permite el muy cabrito uno de sus giros argumentales que te dejan petrificado, agradecido por la manera en la que te ha engañado, él y la misma Marvel, que bien calladito que se lo tenían y bien que tiraron balones fuera. Pero en esa sorpresa no acaba todo, y las preguntas enlazan unas con otras, y el qué pasará después vuelve a ser motivo de lectura, como lo era en los buenos tiempos de la Patrulla. El tercer gran misterio nos viene de DC, de Identity Crisis. Nunca he leído un crossover así. No es mejor que Crisis, pero tampoco peor: es diferente. Y es grandioso, y es estimulante, y es una manera de entender los tebeos tan revolucionaria como tradicional. Con las uñas devoradas ando, y me apasiono cruzando opiniones y planteando hipótesis con los colegas, y me quedo con los ojos como platos cuando David Hernando me hace ver una pequeña, pero capital diferencia, entre una viñeta y otra. Mientras, en la bolsa de la compra de hoy me espera el Monster 36, el último de la colección. Y me doy cuenta, de nuevo, de que este tebeo, que me ha hecho disfrutar mes a mes, es también un misterio. Un gran misterio. Durante mucho tiempo leímos los tebeos interesados por lo que en ellos ocurría. Luego, en los noventa principalmente, reinó el freno y marcha atrás, el retorno al imperturbable status quo y el miedo a mirar hacia delante que, en mi opinión, es uno de los mayores cánceres que devora el cómic de superhéroes en la actualidad. Luego, hartos ellos mismos de tebeos malos, los editores comenzaron a contratar grandes autores para las colecciones más comerciales, y nos dejaron buenos tebeos, sí, pero que no dejaban de ser ejercicios de estilo, apuestas por removerlo todo a sabiendas de que luego llegaría alguien que lo dejara todo igual. Nosotros ya sabíamos que las aguas volverían a su cauce, porque nos han enseñado que siempre vuelven, y que ya puede morir fulanito o menganito, que estará vivo y ultimamente es que ni siquiera se molestan en poner el cadáver. Ahora, en este preciso momento, casi sin pretenderlo, me doy cuenta que los tebeos que me están interesando son, precisamente, los que han escapado a ese ejercicio de estilo y vuelven a lo sencillo, a lo básico, a contar una historia que enganche, porque algunos no necesitamos mucho más, pero sí necesitamos que no nos digan que todo ha sido una mentira. Ojalá estemos ante más que una moda. Porque hacía tiempo que no disfrutaba tanto.