04 marzo 2005

¡EL LIBRO ERA MEJOR!

Piensa en Spider-Man. ¿Qué imagen es la primera que te ha venido a la cabeza? ¿El Spider-Man de Romita? ¿El de Ditko? ¿El de McFarlane? ¿El de Bagley? ¿Mary Jane? ¿Nicholas Hammond? ¿Tobey Maguire? Seguro que treinta lectores distintos tendrían treinta versiones diferentes. Eso es lo que hace único a este medio: la gran variedad de autores que son capaces de tocar a un mismo personaje da riqueza a un género que tiene que estar en calle cada mes, forma ésta de ver cómo se adapta a cada época, qué historias se resaltan más y qué tipo de dibujo impera. Permíteme que pasemos a mi terreno. Piensa en Batman. ¿Cuál te ha venido a la cabeza? Si con Spider-Man el radio de difusión era bastante amplio, con Batman ya se sale del mapa. Un personaje con casi setenta años de Historia a sus espaldas da para mucho. Sabemos que Peter Parker tiene un rostro identificable y, quien más, quien menos, siempre le ha dibujado con unos rasgos característicos, sobre todo después de John Romita Sr. ¿Pero y Bruce Wayne? ¿Qué rostro tiene Bruce Wayne? No hace mucho le pregunté esto mismo a un amigo y me dijo que lo primero que le había venido a la cabeza era el Batman de la serie de animación de Bruce Timm. Algo más que interesante. No le vino ningún cómic (y eso que es un lector de cómics de los de toda la vida, con mucha más experiencia que muchos de nosotros) ni ninguna etapa en concreto. Lo primero que le vino a la mente fue una adaptación. Y es que las adaptaciones son algo muy importante de cara a mantener vivos a estos personajes en el imaginario colectivo de la población. Sí, todos esos millones de personas que no leen cómics y que, si les mencionas algo a veces preguntan sorprendidos: “¿Todavía se publica Batman? ¿Pero eso no acabó ya?”, no tienen en mente el Batman de Neal Adams, sino a Michael Keaton. Es una lástima que no se consiga que todos esos millones de personas que fueron a ver Spider-Man 1 y 2 no compren los cómics porque está claro que son compradores en potencia. Han visto las películas y las han disfrutado. Porque, ¿qué son Spider-Man 1 y 2 sino una traslación de historias clásicas del personaje a la gran pantalla? En Spider-Man 1 vimos la adaptación de la muerte de Gwen Stacy y del origen del personaje, mientras que en Spider-Man 2 le tocó el turno a multitud de referencias, desde la moto de Romita hasta el “Capítulo Final” de Lee/Ditko, pasando por el nacimiento del segundo Duende Verde y muchas cosas más. Lo que más se comenta de cara a Spider-Man 3 es qué opción elegirá Sam Raimi: ¿habrá boda o separación? Ambas cosas han tenido lugar en los cómics y es cuestión de ver cuál adaptará. Y aquí es donde entro en el quid de la cuestión. Recordad las adaptaciones de Batman o las de Superman. Eran historias nuevas. Parten de la base del cómic pero se inventaban enfrentamientos contra Catwoman y el Pingüino o contra Lex Luthor y Otis. Eran un número más de la colección. Recogían todo lo sembrado y creaban algo basándose en lo visto en sesenta años de cómics pero no seguían un camino a rajatabla porque no había (ni hay) camino a seguir con esos personajes dada la multitud de adaptaciones que han sufrido dentro de los propios cómics. El Batman de Neal Adams es una adaptación en toda regla del de Finger y Kane. Si dentro de los propios cómics hay varias versiones, ¿cómo no las va a haber en cine? Con Spider-Man se está haciendo una adaptación lógica y consecuente con la evolución del personaje en los cómics. Algo que también fue intrínseco de la adaptación animada de mediados de los años noventa: seguía una historia bastante fiel al cómic, igual que las películas. Ya estamos tocando temas de “fidelidad” o “infidelidad” (ya sabéis, “¡el libro era mejor!”) y son muy peliagudos a la hora de hablar sobre adaptaciones, así que lo trataré a fondo en otro post que éste está quedando largo. El otro día leyendo un texto crítico sobre el tema descubrí el siguiente punto de vista: si una adaptación representa tal cual una historia ya vista en la fuente de la que parte, en este caso los cómics, ¿acaso no está limitando el poder del cine? ¿Para qué alguien quiere ver exactamente lo mismo que ya ha visto en otro medio? Me viene a la cabeza el caso de Daredevil, donde se traslada línea a línea algunas de las escenas de los cómics de Frank Miller. Como dijo Orson Welles, y cito de memoria (así que no esperéis que sea muy literal), “si no vas a cambiar nada, ¿para qué lo adaptas? Si lo vas a dejar igual, déjalo como está y que lo lean”. Gracias a las adaptaciones, mucha gente reconoce más a los personajes de cómic, ya sea el Batman de animación o a Hugh Jackman como Lobezno, pero creo que hay un doble rasero. Si se cambia mucho se corre el riesgo de que la percepción general del público sea, no errónea, pero sí diferente de lo que el personaje representa. Pero aquí entra en juego la otra parte del rasero: ¿qué representa el personaje? Podríamos citar aquí el Batman de 1966, con Adam West a la cabeza pero lo que pasa es que por aquel entonces ESO era Batman. Se adapta a los tiempos que corren y por eso ahora tenemos Batman Begins a la vuelta de la esquina, con un enfoque realista y con los pies en la tierra, sólo porque eso es lo que impera hoy día en las adaptaciones de cómic gracias a, entre otras, X-Men. Eso sí, lo curioso es que mucha gente diga que Christian Bale es perfecto porque se parece a Bruce Wayne. Y digo yo, ¿qué rostro tiene Bruce Wayne?