18 junio 2005

Batman Begins: un buen comienzo

Entiendo algunos de los comentarios que he llegado a oir sobre esta película: "El Padrino de los superhéroes", dijo alguien en Estados Unidos, y otras no mucho menos elogiosas. El fan de Batman, el verdadero fan de Batman, acostumbrado a que maltraten al personaje, a que la pobre aproximación de Burton sea lo más cercano que se ha hecho en imagen real sobre el Hombre Murciélago, tiene motivos para estar eufórico. Sin ser una obra maestra precisamente, Batman Begins es una gran película, muy digna y con grandes momentos. Sin duda, la más fiel recreación del personaje que se ha hecho en cine, con una profundidad que nunca tuvieron las cuatro películas anteriores, y con una fidelidad a los cómics que a veces raya la obsesión (¡Hasta el comisario se llama Loeb, como el de Año Uno!). Algo le debe esta película y Warner a Marvel: sin Marvel y sus X-Men nunca se hubiera intentado hacer este Batman serio, trascendente y (casi siempre) adulto. Hay algo en Warner de reconocimiento y de rendición. Reconocimiento a que Marvel lo está haciendo bien. Rendimiento en cuanto a que ellos lo van a hacer igual. Incluso el nuevo logo de DC, ése que veremos al comienzo de todas las películas, está calcado del de Marvel en cuanto a su presentación cinematográfica. Luego tenemos una primera hora donde se explora a fondo la motivación de Wayne, su desorientación en cuánto a cómo enfocar sus propósitos de justicia que ya estuviera presente en el primer número de Año Uno, aunque aquí se han tomado elementos de Justicia Ciega (esa historia de Sam Hamm que es infinitamente mejor que su espantoso guión para el primer Batman), y de esa identificación superficial que podría haber entre el Hombre Murciélago y Ras' Al Ghul que hemos visto en los tebeos. Aquí aplaudo a Liam Neeson, magnífico en la primera hora de la película, aunque quede un poco rebajado a villano de opereta en la parte final. En esta primera hora, lo que importa a fin de cuentas es que el protagonista es Wayne, no Batman. Es su obsesión y su tragedia, y aquí agradezco que Nolan se tome su tiempo, que tarde tanto en mostrar al superhéroe e incluso al crimen que lo motiva, y me sorprende la presencia de Joe Chill como asesino de los padres, aunque sospecho que, más allá de la poética idea de los cómics de que es mejor que Batman no sepa quién mató a sus padres, porque así nunca pierde la esperanza de capturarle una noche y nunca sabe si realmente lo ha hecho, los guionistas han optado por este camino para blindar la historia, de cara a que llegue algún listo y acabe repitiendo la estupidez de la primera de Burton. Afortunadamente, han encontrado una justificación para que la muerte de Chill no acabe con la motivación de Wayne, y esa justificación, que es Gotham City, no podría ser más oportuna. Excelente por lo demás esa Gotham sucia, podrida y lluviosa, como siempre debió serlo, y nunca lo fue. Llegados al regreso de Wayne a su ciudad, nos encontramos con el que tal vez sea el mejor tramo de la película, donde enfoca su obsesión, donde acaba en definitiva naciendo Batman, aunque se eche de menos el momento de "Sí padre, seré un murciélago", sustituido por ese paseo por la Batcueva, aquí despojada de elementos arquitectónicos y elegida como hogar debajo del hogar, como el santuario donde habita el terror de Wayne, ese terror que dirigirá hacia el enemigo. Brillante este punto en concreto, esa manera de mostrar a Batman como un icono terrorífico, un símbolo, y brillante su primera aparición pública. Sospecho que por encima de las exigencias de los productores, Nolan se atreve a no enseñar casi a Batman, a mostrárnoslo a través de las sensaciones que produce, de ese desasosegamiento de los hombres de Falcone. Ése es el Batman de los cómics, de nuevo, y nunca antes se había visto en cine. Y llegamos a la que creo que es la parte más insustancial de la película, que es la parte final, donde se concentra la mayor parte de la acción y vemos al personaje lucirse a fondo en pantalla. Porque es aquí donde se evidencia la inexperiencia de Nolan a la hora de dirigir escenas de acción, que quedan confusas y carentes de emoción en todo momento, toscas y de planificación escasa, como rodadas para salir del paso y con un planteamiento bastante anticuado, digno de un 007 de segunda. Pero tampoco es demasiado grave, y pese a que la lucha definitiva con Ras carezca de emoción alguna, luego tenemos un final que la tiene a raudales, que no sólo anticipa la segunda parte, sino que sirve para explicar por qué una ciudad dominada por la mafia pasa a estarlo por locos descerebrados. Ojalá que la taquilla (los resultados iniciales no parecen para tirar cohetes) permita confirmar al equipo de esta cinta en la siguiente, con una libertad similar a la que han gozado aquí. Descendiendo a los pequeños detalles, hay algunos que me han gustado más que otros. Los actores secundarios triunfan, y hasta Rutger Hauer está bien, con Norman Freeman y Michael Caine, cada uno en su lugar, triunfando, con intervenciones tan comedidas como bien articuladas. Neeson, como digo, se come con patatas a Bale, porque es un gran actor y ya tenía experiencia en eso de maestro Jedi que viene, más o menos, a repetir aquí. Bale demuestra que sabe hacer su trabajo, y hace el Bruce Wayne más humano jamás visto, brillante tanto en su búsqueda personal como en su fingida vida social, y Katie Holmes no molesta demasiado, y es todo lo que se le puede pedir a "la chica de la película", a la que le han puesto ese final tan calcado del de Spider-Man, por mucho que las palabras de Peter Parker hayan sido puestas en la boca de ella. Espero que no se empeñen en recuperarla en la segunda parte, y que Harvey Dent aparezca directamente asumiendo el puesto de fiscal de distrito, comentando de pasada que Rachel decidió abandonar la ciudad. A nivel técnico, aplaudo la ausencia de ordenador, aunque las pocas veces que se emplee sea para cagarla a base de bien: el tren canta ópera, y la ciudad del futuro (que es la del pasado) que representa la Gotham que vemos en los flashbacks llega a resultar irreal, aunque sólo sea un perdonable plano general. La manera de dirigir de Nolan ya digo que me parece a veces tosca, aunque tan funcional como la banda sonora, a la que le falta ese algo distintivo que sí tenía la música de Danny Elfman para Burton. Por cierto, que los paralelismos con el primer filme de éste eran perfectamente prescindibles, pero hay más de uno. Están bien camuflados, pero quien se haya fijado, se habrá dado cuenta de que Batman rescata a la chica, la mete en su coche y se la lleva a la cueva para decirle que ha descubierto el plan del malo y proporcionarle el método científico para contrarrestrarlo... En fin, que sucede igual en los dos filmes. Prescindible igualmente la concesión de Nolan al público infantil: sobra el niño que se encuentra Batman en los tejados e insiste luego en aparecer. Lo siento mucho, pero un espectador de ocho años no necesita elementos de identificación en esta película, porque da igual: se aburrirá soberanamente con ella, y me parece estupendo, porque las películas de superhéroes no tienen por qué ser para niños. Pueden ponerse, efectivamente, peros a la cinta. Y se los pongo porque enseguida saldrán los entusiastas a decirnos que Batman Begins es la polla con cebolla. No lo es, pero desde luego tampoco es bazofia, como venía siendo habitual con DC. Hay respeto al material original, hay una recreación auténtica del héroe. En Warner se congratulan de haber hecho la película de Batman que debiera haberse hecho a comienzos de los ochenta, a continuación de Superman. Bueno, puede que lleguen veinte años tarde, pero al menos han llegado. Ahora tienen un largo camino por delante, pero, como da a entender este Batman Begins, han acertado a la hora de decidir la dirección. Ojalá que no se desvíen demasiado.