24 noviembre 2005

Firefly: El orgullo de la derrota

Hace unas semanas os comentaba cuánto había disfrutado con la primera película de Joss Whedon: Serenity. La constatación de que más allá de la peli había un universo, inexplorado para mi, consistente en la teleserie que precedió al filme, me hizo conseguir por todos los medios la serie. Esperaba que fuera buena, desde luego, pero no esperaba que lo fuera tanto. Esperaba también entender por qué diablos no acabó de cuajar la serie en EE UU. Bien, creo que tengo las respuestas. Firefly, ambientada 500 años en el futuro, cuenta la historia de Malcom Reynolds y la tripulación de su nave, Serenity, una firefly (es el modelo de la nave, vaya) cuyo nombre es un homenaje a la última batalla de una guerra ocurrida años atrás. Mal estaba en el bando perdedor, y su personalidad es fruto en gran medida de esa derrota. La serie acompaña a la Serenity a lo largo de sus viajes por un universo en el que el hombre se ha expandido, pero donde no hay señales de vida extraterrestre. En realidad, más que en la ciencia ficción, podríamos enclavar la serie en el western, por la condición de los protagonistas y ese recorrido a lo largo de territorios a los que el Estado llega en la menor medida, reinando leyes no escritas, más allá de los intentos de la Alianza por dominarlo todo, pero también por esa sensación de que, por mucho tiempo que pase, el hombre sigue siendo el mismo, con sus miserias y sus triunfos. (Lo dice el mismo Whedon, no me invento nada) Cada capítulo es una pequeña joya (Perdón. Nada de tópicos hablando de Firefly. Es una joya enorme. Un pedrusco que te cagas). Whedon, en la madurez de su creatividad, ha hecho una serie más adulta que Buffy y Angel (no sólo por la edad de sus personajes o los temas que trata, también por la estética, sucia y fascinantemente envejecida. Además, no hay mucho tipo con prótesis faciales por aquí, alejándose de los planteamientos de Star Trek y sucedáneos, demasiado gastados a estas alturas, para mostrarnos un futuro como nunca antes se había visto: el de Whedon). Probablemente, Firefly podría haber llegado a ser la mejor serie de todos los tiempos. Mientras que Buffy o Angel tardaban en tomar cuerpo, en arrancar, desde el comienzo de Firefly da la sensación de que los autores le tienen tomada la medida a la serie. No hay arquetipos convirtiéndose esforzadamente en personajes, maleándose episodio a episodio: hay nueve personajes perfectos, culminados, brillantes, desde el primer capítulo. Que lo dicen todo con una frase, con una mirada. (Hay muchas miradas que importan más que diez monólogos). Si entras en el juego, estás enganchado apenas con el piloto. Y al tercer episodio ya vas por ahí, como un tonto cantando la canción (un tema country, con dos cojones. Tampoco vale aquí el canon de John Williams), que está compuesta por el mismo Whedon, por cierto, quien también se atreve a cantarla en uno de los extras del DVD. Dicen que en Estados Unidos la juventud ha abandonado la tele por Internet, que la pantalla pequeña se ha quedado adocenada, entre reality shows y basura varia. No hay sitio para series inteligentes, y no hay sitio para un tipo brillante como Whedon. Sólo cabe la mediocridad y la sal gorda. Viendo Firefly, me lo creo. ¿demasiado buena, demasiado grande, para los que se plantan ante la tele dando igual lo que pongan? Ha tenido éxito en DVD, dicen, y alguien con un mínimo de cerebro debió permitir que Serenity se hiciera, dejándonos una de las mejores películas, si no la mejor, del año. Pero para mi no es suficiente. Quiero más. Quiero saber por dónde avanza el conflicto con la Alianza, quiero ver el inevitable choque contra Malcom y los suyos. Quiero saber qué pasa con Mal e Inara, y si lo de Simon y Kaylee funciona o no. Quiero llegar hasta el fondo de lo que ocurre en la mente de River; quiero ver la evolución, imprevisible, de Jayne; quiero saber qué hará Zoe ahora, y si no es posible traer de vuelta a Wash, mi personaje favorito, con Kaylee, de la serie, tal vez porque me sentía tan identificado con él que incluso yo también adoro a los dinosaurios. Quiero saber, pero temo que no ocurrirá. Temo que me quede con estos catorce episodios brillantes, con esta película maravillosa. Quizás con algún cómic, alguna novela. Firefly no sucumbió al agotamiento de los autores, a su falta de ideas. Cayó bajo el veredicto de los mediocres, fue derrotada, pero venció en mi corazón, y creo que está venciendo en muchos más, esos chaquetas marrones que están sueltos por Internet. Ahora, más que nunca, con ese orgullo de los derrotados, todos somos un poco Mal.