02 enero 2006

La muerte os sienta tan bien...

Hace unos diez años, cuando estuve en París, visité el cementerio Perè Lachaise, un lugar muy tranquilo -os podéis imaginar- y realmente hermoso para pasear. Lejos de cualquier morbo, la idea de ver las tumbas de gente como Edith Piaf, Oscar Wilde, Marcel Proust, Jim Morrison o Chopin es lo suficientemente atractiva para acercarse a este sitio alejado de las rutas turísticas convencionales que inundan la ciudad de las luces. Sin embargo, algunas de las sepulturas que más me impresionaron, por su belleza, no pertenecían a gente de primerísima línea en las artes o la cultura, o al menos yo no los conocía. Como la de Georges Rodenbach, un escritor belga del siglo XIX, que tuvo a la muerte como un elemento muy presente en su obra y en su vida, y que cuenta con un mausoleo impactante, como podéis observar en la imagen. De inmediato me vino a la cabeza el pobre Spiderman saliendo de la tumba en La última cacería. Si la historia en si misma es impresionante, la escena del cabeza de red volviendo a la vida es, sin duda, el momento que todos más recordamos. En aquella necrópolis parisina, a tamaño natural y en semejante entorno, me dí cuenta realmente de lo que tuvo que significar para spidey.